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La Coctelera

Categoría: Critica Literaria

Escritor del mes - Julia Prilutzky

Paul | 14, may

Desde que se afincó en nuestro país, esta notable narradora y poeta nacida en Ucrania, convirtió a la Argentina en su patria, como lo ha demostrado en muchos de sus versos y textos. Es una de los más caracterizados representantes de la Generación poética argentina del '40.

Fundó la revista cultural "Vértice". En 1941 recibió el Premio Municipal de Poesía por su libro "Intervalo". La parte predominante de su obra está dedicada a cantar al amor y a los sentimientos más profundos, y recorre desde su poemario inicial "Viajes sin partida" (1939) a "Antología del amor", libro que, leído en algunos capítulos de una telenovela de Alberto Migré, llegó a vender más de 100 mil ejemplares.

Brillante discípula de piano de Alberto Williams, estudiante avanzada de derecho, terminó desarrollando distintas actividades, con la literatura y el periodismo como ejes. Viajera inquieta, recibió distinciones en el exterior antes de que le llegara el éxito en la Argentina. Fue en 1978 —ya tenía doce libros publicados—, cuando Alberto Migré incorporó poemas de su Antología del amor en el teleteatro Pablo en nuestra piel, protagonizada por María del Cármen Valenzuela y Arturo Puig.

Ligada al partido Justicialista su obra "El Escudo" recoge sus poemas sobre Juan Domingo Perón y Eva Perón, e incluye el poema "Oración" que fue leído el 26 de julio de 1954 en un acto público masivo que se realizó en la avenida 9 de Julio. Algunos de su poemas se convirtieron en canciones, como "Algún día te querré", zamba musicalizada por Cesar Isella.

El 10 de marzo de 2002, al amanecer, en el geriátrico donde vivía, murió la poeta Julia Prilutzky Farny. Tenía 90 años, hija de una médica y de un ingeniero que le dieron una extraordinaria formación cultural y amigos notables: Miguel de Unamuno, Alfredo Palacios —su padrino—, Benito Quinquela Martín.

"Algunos dicen que escribo versos de caramelo", reconoció. Antes que refutarlo, prefirió disfrutar del mundo de la farándula, recién estrenado. Orgullosa de haber vivido todos los sentimientos amorosos que rimaba, se mantuvo coqueta aún anciana. No quería velorio y fue enterrada en el Cementerio de la Chacarita, de Buenos Aires.

Aproximaciones a la razón poética o el hecho poético

Paul | 30, oct


La palabra es el alma; El poema es el cuerpo; La poesía es la mente. ¿De qué? El hecho poético o la razón poética, se rigen en un principio esencial. El enigma. Su esencia enigmática, no se define solo en lo inexplicable, ya que esta ligado directamente con el alma o el espíritu de quien le da vida o de quien reconstruye sus múltiples significados: El poeta y el lector. Pero dichas fuerzas (el enigma y el espíritu) por separadas no producen nada, sino solo mediocridad. Unidas conducen a lo místico. No en su sentido “religioso”, si en si sentido espiritual. Lo espiritual perteneciente o relativo al espíritu, alejado de lo físico o lo material, centrado entonces en el alma. Sabiendo que el hecho poético o la razón poética encuentran su génesis en el alma, de un ser material, pensante y sensible a la vez que espiritual, es lo místico lo que resuelve en parte la pregunta que se formulo al principio. Por tanto la palabra es el alma mística del ser; el poema es el cuerpo místico del ser y la poesía es la mente mística del ser. Pudiendo elevar dicho razonamiento al orden terrenal y universal. la palabra es el alma mística de la tierra y el universo; el poema es el cuerpo místico de la tierra y el universo y la poesía es la mente mística de la tierra y el universo. Nada es concluyente y nada es definitivamente cierto. Será tarea del tiempo, los hombres y los estados emocionales de esos hombres, determinar las relaciones existentes en este enunciado: Palabra y alma; poema y cuerpo; poesía y mente.

El Romanticismo:

Paul | 21, oct

    Victor Hugo
    Francia, Besançon (1802-1885)

    A UNA MUJER

    ¡Niña!, si yo fuera rey daría mi reino,
    mi trono, mi cetro y mi pueblo arrodillado,
    mi corona de oro, mis piscinas de pórfido,
    y mis flotas, para las que no bastaría el mar,
    por una mirada tuya.

    Si yo fuera Dios, la tierra y las olas,
    los ángeles, los demonios sujetos a mi ley.
    Y el profundo caos de profunda entraña,
    la eternidad, el espacio, los cielos, los mundos
    ¡daría por un beso tuyo!

    Alfred de Musset
    Francia, París (1810-1857)

    AMIGOS MÍOS...

    Amigos míos, cuando me muera
    plantad un sauce en el cementerio,
    amo sus ramas desconsoladas,
    su palidez amada es suave
    y su sombra será ligera
    a la tierra en que dormiré.

    Sand, George
    Francia, París (1804-1876)

    LOS CABALLEROS DE BOIS-DORE Tomo 1 parte I (Fragmento)

    "Entre los numerosos protegidos del favorito Concini, uno de los que menos llamaron la atención, a pesar de ser de los más notables, por su ingenio, su cultura y la distinción de sus maneras, fue don Antonio de Alvimar, un español de origen italiano, que se firmaba Sciarra de Alvimar. Era realmente un lindo caballero, que por su rostro no representaba más de veinte años, aunque en aquella época declarase tener treinta. Más bien bajo que alto, robusto sin parecerlo, ágil en todos los ejercicios, tenía que interesar a las mujeres por el brillo de sus ojos vivos y penetrantes y por el encanto de su conversación, tan frívola y amena con las bellas damas, como nutrida y llena de enjundia con los hombres serios; hablaba, casi sin acento, los principales idiomas europeos, y no estaba menos enterado de las lenguas antiguas.
    A pesar de todos estos aparentes méritos, Sciarra de Alvimar no tramó, entre las numerosas intrigas de la corte de la regente, ninguna intriga personal; al menos, las que pudo soñar no se realizaron. Más tarde, y en confidencia íntima, declaró que hubiera deseado conquistar nada menos que a María de Médicis y reemplazar en los favores de esta reina a su propio señor y protector, el mariscal de Ancre.
    Pero la balorda -como la llamaba Leonora Galigai- no prestó la menor atención al joven español, y no vio en él más que un insignificante oficial de fortuna, un subalterno sin porvenir. ¿Diose cuenta, al menos, de la pasión real o fingida del señor de Alvimar? La historia no lo dice, y el mismo Alvimar no lo supo nunca.
    No es aventurado suponer que aquel hombre hubiera podido gustar, por su gracia y por los encantos de su persona, en el caso de que Concini no hubiera ocupado los pensamientos de la regente. Concini había partido de más bajo y no poseía la mitad de su inteligencia. Pero Alvimar llevaba en sí un obstáculo para alcanzar la elevada fortuna de los cortesanos, un obstáculo que su ambición no lograba vencer."

Baudelaire y su ‘corte’ de poetas malditos

Paul | 24, ago

Baudelaire, Rimbaud, Verlaine y Mallarmé son cuatro de los principales representantes del Simbolismo, un movimiento que renovó la lírica en Francia a finales del siglo XIX. Los autores simbolistas, que utilizaban el verso libre, fueron también los primeros artistas decadentes y bohemios, tal y como concebimos estos términos actualmente. Entre todos ellos destaca por su genio Jean Arthur Rimbaud, que escribió lo mejor de su obra antes de cumplir los 20 años PALOMA CORREDOR En torno a 1870 surgió en Francia un movimiento literario conocido como Simbolismo. El nombre viene de la tendencia de sus poetas a expresar la realidad a través de símbolos. Se oponían así a una corriente inmediatamente anterior, llamada Parnasianismo, que propugnaba la vuelta a las formas clásicas. Por el contrario, el Simbolismo introdujo un aspecto totalmente revolucionario: el verso libre. Los poetas dejaban así de estar sujetos a las normas de la métrica; estaban más interesados en percibir la realidad a través de los sentidos y en transformarla en poemas llenos de símbolos, sugerencias y resonancias musicales. La gran figura de este movimiento fue Charles Baudelaire, que precedió a un grupo de brillantes poetas: Verlaine, Rimbaud, Mallarmé, Tristán Corbière, Jules Laforgue y Charles Cros. Con ellos nació también el mito del artista bohemio, decadente y profundamente crítico con la sociedad de su tiempo. O, en otras palabras, los poetas malditos. Esta expresión, que suena a etiqueta puesta por los libros de texto, fue en realidad inventada por Paul Verlaine quien, en 1884, publicó una serie de semblanzas biográficas de un grupo de poetas simbolistas y la tituló Los poetas malditos. De todos ellos, sin duda la figura más llamativa es la de Jean Arthur Rimbaud, que parece aunar todos los tópicos del artista genial: adolescente rebelde, poeta visionario, marginado social... Rimbaud vivió sólo 37 años, pero lo hizo intensamente. A los 20 años ya había escrito lo mejor de su obra; después, compaginó la literatura con una interminable sucesión de viajes. En sus últimos años vivió en África, donde se ganó la vida como traficante de armas. Un tumor en la pierna le obligó a volver a Francia, donde murió poco después. Obras BAUDELAIRE. Pequeños poemas en prosa, Las flores del mal, Los paraísos artificiales. Fragmento de Las flores del mal: ¡Reloj! Dios espantoso, siniestro e impasible/ cuyo dedo amenaza, diciéndonos “¡recuerda!”./ Los vibrantes dolores en tu asustado pecho,/ como en una diana pronto se clavarán. VERLAINE. Poemas saturnianos, Memorias de un viudo, Confesiones. Fragmento de Mandolina: Los que brindan serenatas/ y las bellas que las escuchan/ se dicen insípidos requiebros/ bajo enramadas sonoras. RIMBAUD. Una temporada en el infierno, Iluminaciones. Fragmento de Una temporada...: Nada de cánticos: conservar lo ganado. ¡Dura noche!/ La sangre seca humea sobre mi rostro, y no tengo cosa alguna/ tras de mí, ¡fuera de ese horrible arbolillo!... El combate/ espiritual es tan brutal como las batallas de los hombres;/ pero la visión de la justicia es sólo el placer de Dios. MALLARMÉ. Verso y prosa, Divagacioness. Fragmento de El fauno: Montón de antigua noche, mi duda ha terminado/ en mucha rama tenue que, habitando las mismas/ florestas, prueba, ¡ay!, que sólo me ofrecía/ como triunfo la falta ideal de las rosas. Verlaine y Rimbaud: una temporada en el infierno Paul Verlaine ya era un autor reconocido cuando, en 1871, recibió una carta de un adolescente llamado Jean Arthur Rimbaud. Deslumbrado por la calidad de sus versos, le invitó a su casa de París. El burgués casado con una joven de 16 años y el impetuoso aspirante a poeta no parecían tener mucho más en común que su amor por la literatura. Sin embargo, no tardaron en embarcarse en una tormentosa relación: arte, viajes, pasión... y dos intentos frustrados de asesinato de Verlaine, consumido de celos, hacia Rimbaud. La historia de su relación y su trayectoria artística se explica muy bien en la película Vidas al límite, donde Leonardo Di Caprio encarna magistralmente al inolvidable Rimbaud. Baudelaire Nació en París en 1821 y pronto reveló su vocación literaria: a los 20 años, su familia le envió a La India para que se olvidara de la escritura. Pero él se escapó del barco. Poco después heredó la fortuna de su padre y pudo dedicarse plenamente a escribir. Su obra más famosa es ‘Las flores del mal’, una colección de poemas editada en 1857. Inmediatamente después de su publicación, el Gobierno francés acusó a Baudelaire de atentar contra la moral pública. No sólo le multaron, sino que censuraron algunos de los poemas, que no pudieron volver a leerse hasta 1949.

Visiones y metamorfosis

Paul | 23, feb

«La poesía profunda es un ser que crece como una planta, habiendo sumergido sus raíces en el yo entero; la fantasía más aérea puede engendrar dichos seres, y algunos florecen en el sueño, pero cierto proceso de maduración, cierta tensión espiritual, voluntaria o no, precede y prepara siempre estos partos.

Desearíamos ahora que esas imágenes del mundo caminaran en el interior del espíritu, quisiéramos esperar y acechar el instante de su metamorfosis, el instante en que se convertirán en símbolos (como se depositan finos cristales de escarcha sobre una rama invernal) de modo que encarnen a su vez, sin perder nada de su rareza efímera, un movimiento de lo eterno humano» (De Baudelaire al surrealismo, traducción de Juan José Domenchina, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1983, p. 214).

Escritor del Mes - Macedonio Fernández

Paul | 30, nov

Macedonio Fernández (Argentina, 1874-1952)

Escritor argentino, nacido y fallecido en Buenos Aires. Cursó estudios jurídicos en su ciudad, siendo compañero de Enrique Larreta y del padre de Jorge Luis Borges. Ejerció durante veinte años como abogado y eventualmente como fiscal. Después llevó una vida ociosa y modesta, animando tertulias de café y participando en las reuniones y revistas de la vanguardia. Parte de su obra se conoció póstumamente, en virtud de que dejó papeles sueltos y colaboraciones dispersas que, gracias a la labor de su hijo Adolfo de Obieta y de otros estudiosos de su literatura, acabaron reunidas en libro. La influencia de Macedonio fue sobre todo oral y epistolar (se escribió largamente con William James y con Ramón Gómez de la Serna), aparte de proponer un ejemplo de contraliteratura, basado en el desmontaje y la parodia de los grandes géneros. Escritores notorios como Borges, Leopoldo Marechal y Julio Cortázar han reconocido la importancia de sus ideas, sus formulaciones sorprendentes y, sobre todo, de su ruptura con los lugares comunes y la solemnidad a través del humor. En sus ensayos se advierte una buena lectura de Henri Bergson y Sigmund Freud. Escribió No toda es vigilia la de los ojos abiertos (1928), Papeles de recienvenido (1929), Una novela que comienza (1940), Poemas (1953), Museo de la novela de la Eterna (1967), Cuadernos de todo y nada (1972), Teorías (1974), Adriana Buenos Aires (1974), Epistolario (1976), Papeles antiguos (1981).

Alejandra Pizarnik: La de los ojos abiertos

Paul | 24, oct

Esta es la primer entrega de mi primer ensayo, presentado en las 1ras jornadas provinciales de literatura. Representa mi primer ensayo, mi primera mirada critica sobre una escritora a la que estimo mucho desde su obra y desde las pocas cosas que pude leer sobre su vida. Serán cinco (5) entregas en total."

Titulo: Alejandra Pizarnik: La de los ojos abiertos

Al hablar de Pizarnik uno puedo evocar la comunión entre la vida cíclica que va y viene mas allá de los individuos, y la vida biografía, en contraposición con la distinción griega entre Zoé (vida cíclica) y Bíos (vida biográfica). Esta frontera impuesta también por la sociedad entre la vida y la obra, es puesto en crisis y “la cristalización verbal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de realidad sometida a las mas altas temperaturas” (1) permite la fusión y el centro de todo es el poema. Ejemplos reales de esta anulación o de algunos sacrificios celebres, los hay sin mucho destajo: Baudelaire, Nerval, Rimbaud, Artaud.
Estos modelos asisten a la conformación de una escritura hacia adentro, de manera activa, pero nunca como contaminante del espejo donde se revelan las palabras. Activa porque conduce a un ángulo de visión liberadora de la necesidad de representar la realidad (sea esta social, política o costumbrista) hacia el deseo de un mirar el interior del ser; pero dejando a Pizarnik la posibilidad de configurar su propio lenguaje y de poseer o ser poseída por sus propias voces, aun cuando estas sean por momentos irreconocibles. “No puedo hablar con mi voz sino con mis voces” (2) diría en “Piedra Fundamental”.
La realidad de Pizarnik es por tanto un mundo en donde las sombras interiores y la noche de los cuerpos son embestidos por el viento (El Gran Desgarrador) hacia el bosque, en donde se aleja de la realidad en busca del jardín, el lugar de la cita perfecta, el templo en donde el silencio es la tentación y el mas alto deseo para que se construya el poema; el cual no permite que el malo se acerque y suceda lo que mas teme. “Voy a ocultarme en el lenguaje / y por que / tengo miedo” (3) con una ambigüedad: se oculta en el lenguaje para evitar al malo, pero se oculta del lenguaje dentro del lenguaje.
(continuara)