En Re-Vista de que los ciegos módulos de mi existencia no atesoran ningún recuerdo desde la ultima vez que nos leímos, decido y bajo una estricta cautela, escribirle estas voces a modo de pasos, para cercar su cuerpo, su ausencia y porque no decirlo su momento. Hace ya un tiempo que la única noticia que me viene de usted es producto de la nada y como tal, el resultado es definitivo, abismo. Temo caer en dicha geografía abandonado a la suerte de cuervos impíos que moldearían con sus picos de oro la carne mal golpeada de mi hoy, por lo que solicito y a la autoridad que usted infunde con su no-estar y con su ya-estuvo, que tenga a bien escribir, hablar o al menos encender alguna que otra hoguera de forma tal que pueda yo saber en que orientación cardinal y social se encuentra. Sepa comprender estimada amiga, que esto que le escribo ya fue escrito en el futuro y por lo tanto su respuesta se inscribe ya en un pasado que se develara como un presente del que no podré huir. Sepa también y por tanto dejar de ser ignorante en lo que respecta a mi persona que yo ando muy bien, diría que extrañamente bien, tanto que muevo los espejos para ver si algo cae de ellos y me permita estar triste nuevamente. Por lo demás sus tiempos como los míos aunque totalmente dispares, pueden llegar a ser un mismo tiempo si es que la burocracia de un encuentro, nos mantiene ocupados con encontrarnos a seguramente tomar un poco del otro... algo que amerito y deseo sea amistoso y no tan corrosivo como este cúmulo de ceguedades, que terminan contaminando una relación al extremo de que al verla, deba preguntarle su nombre, su gusto mas verde y si comé a diario como todo simple mortal. Me despido de usted muy calladamente y espero tenga entre sus actividades contestar esta misiva.
Categoría: Cuadernos de Siempre Olvidado
Vio que el cielo escupía su rabia sobre paraguas frenéticos y pensó:
Cuando las palabras son asilos abandonados, donde va transcurriendo la pasión de esa voz concierto silencioso de mil voces. Cuando esas palabras a modo de antídoto salen de la madriguera de unos labios donadores de silencios largamente presentidos. Cuando solo queda entre dos cuerpos un espacio para un abismo que alude el canto de pájaros ausentes naciendo en nidos ausentes sobre árboles también ausentes.
Fue cuando vio que el cielo era una gran garganta sin dios ni preludios y se dijo:
Es entonces cuando el crepitar de ojos hacen la ceremonia, esa famélica sensación de perdernos delante de nuestra piel. Un ritual solo para que otra vez, el agua y la sed, sean del olor de la palabra Amor. Tan solo para que esa flor diseminada en los vientres abiertos de las manos, callen sus demonios. Silencios como heridas que aprenden a sangrar cuando las palabras son asilos bajo una lluvia hermosamente indecible.
Y Siempre Olvidado lloro una rosa negra en el rosario marchito de lo evidente.
Perdí mi imaginación, creo que fue cuando la ultima hormiga, de una larga procesión que marchaba por la cocina; estando ya dormido, insecto que se cruzo con mi sueño que deambulaba dando vueltas por la casa buscándome y como no tiene ojos para ver porque esta en el futuro, (porque en el futuro no hay ojos) se concluye que me busca sin parte ni arte. Es entonces donde dicha hormiga presumida como toda hormiga, le obstruyo el paso y le quito de los bolsillos toda la imaginación que mis sueños guardaban en un frasquito anti-robo y me he quedado sin mas imaginación que la asociación de un significado y un significante... lo cual no deja de ser una paradoja ciega como los ojos mirando hacia el futuro, y dicha paradoja tiene carácter de despertador, a esta hora en que nadie no-duerme y yo estoy despierto.
He decidido ir a comer a un restaurante de esos que tienen como típica atracción la siguiente frase “El arte del buen comer con los dientes libres de ataduras”. Ya me habían advertido de dicho sitio, dos personas ajenas a mi conocimiento: Advertidor número primero “Cuando vaya a dicho local, procure dejarse en su casa después de salir, todo tipo de dentaduras falsas o chabacanas”; Advertidor número segundo “Coma bien haga lo que guste pero nunca de parado, sale más caro y no se permite husmear las mesas vacías donde comen otros porque esta muy mal visto”
Por lo pronto era martes, tan pronto que todavía era viernes, día típicamente reservado para salir a comer fuera de casa y, ese martes tenía todos los atributos de los demás días de la semana. Si uno miraba hacia el sol tenía la leve impresión de tener cara de domingo. Si extendía demasiado los brazos tanto que buscase tocar a algún ocasional individuo, la ausencia de potenciales humanidades, denotaba un día característicamente feriado o día lunes o miércoles o jueves. Por ultimo llegamos a ese día que nunca es martes, en donde uno no se encuentra y anda perdido buscándose, mientras su “desaparecido yo” lo busca a usted con cinco minutos de retraso por los sitios donde nunca anduvo uno.
Por lo tarde llegue al lugar (Restaurante Impersonal) con aire resuelto y tan buen servicio tienen aquí, que me fabricaron en mis propias narices una mesa con cuatro patas y pusieron de estreno una silla que esperaba toda nerviosa y entumecida, recibir con virginidad y solidaridad mi húmedo trasero. Comí con tanta hambre que me había olvidado de pedir la carta al muchacho encargado de traérmela, enseres estos por cierto y por ciento domésticos en el área de la gastronomía. Advierta aquí, estimado y nunca desprotegido lector de biblioteca, que hice caso totalitario al advertidor número dos y solo me limite a desentrañar la ausencia de mi plato a la espera de comer algo aun luego de haber comido ya. Cuando vino el mozo, todo vestido desde el cuello hasta los pies, y mirándolo con cara de “desaparecido yo”, promulgue: “¡Todavía no vengo a comer porque me ando buscando! Sepa disculpar mi no-presencia en esta su nueva mesa prefabricada y tráigame mientras me llego un vino frío y fino, para acompañar mi ausente ser y por lo consiguiente dos oportunos vasos para la bebida que solicito”. Tanta fue la demora que me pareció un absurdo el trayecto que va, desde los dos vasos traídos, el líquido promotor de accidentes, olvidos y alegres peleas con mujeres desvestidas para la misa del domingo y el “ir” y “venir” del empleado que me facilito de dicho vino cosecha de 1960, una agradable sensación de estertor..
Por lo igual y minutos después de haberme olvidado algunas fechas, me retire del afamado “Restaurante Impersonal”, bajo la premisa de nunca volver sin mi y echarle un ojo a la cara de la dueña encargada de atraer clientes. Acto seguido me dedique a esperarme en los sitios de costumbre por los que generalmente no conocía y resolver así la metafísica retrospectiva de haberme olvidado a mi mismo a la hora del baño, cuando ya habíamos resuelto de ante mano y contra mano, que iríamos a jugar una partida de ajedrez, en la calle 25 de mayo al 1810 esquina Constitución.
En vista, en revista, en tranvista de que cualquiera no ha venido a la fecha exacta de mi nacimiento, por encontrarse esté en un almanaque siguiente al año entrante, lo que le da su carácter mal humorado de “nuncadeseado”; he decidido organizar con escrupuloso orden y metodología (entiéndase aquí que la pedagogía es cosa de locos, poco seria y muy abandonada), organizar, digo, una reunión a modo de fiesta, con todas las ausencias arriba mencionadas, incluida la mía; por encontrarme ese día de viaje hacia el lugar donde se comenta que no-nací para rescatar de los recuerdos, que según se dice, tienen los recién nacidos antes de las primeras nupcias lagrimales, personas extrañas que son caras a mi conducta de siempre olvidado.
En primera instancia he impartido una serie no seriada de ordenes, tales ordenes tienen como talante ahondar en el capricho individualista de quien es siempre nunca recordado y que falto de ingenio a pergeñado para si y en contra de las voluntades incunables de estos peculiares seres-individuos-olvidadizos que supuran en mi memoria, una torturante y crocante mímica a modo de venganza venial. Serie No Seriada de Ordenes numero uno: colocar en cada fotografía mía, la cara de mi otro yo, mas sonriente y menos afiebrada, con la intención de registrar de cada ausente invitado, las implicaturas (sean estas físicas, psicofísicas, mentales, verbales, motoras o metafísicas) de encontrarse en el aniversario de un confundido anfitrión. Serie No Seriada numero dos: Colocar un sin fin de escasos adornos alegóricos, de las distintas fechas patrias, civiles, religiosas y paganas que se encuentren en vigencia al momento de realizada dicha velada (evitando así que la misma sea aburrida de tal grado que todos ponen cara-compromiso de circunstancia) Serie de Ordenes numero tres: los invitados, lo que llegan a destajo y los oportunistas nunca rechazados que trayendo su ausencia hagan jactancia ninguna de algún tipo de filial con mi ausente presencia, deberán donar al Fondo Común de Pobres y Desamparados; del cual soy presidente, miembro permanente y honorario, la miserable y nunca despreciable suma de dinero equiparable con el peso vivo de su ya dicha ausencia a razón de un diez por ciento del total de la misma. Suma que pueda recaudar y que estimo en mucha, será repartida entre mis malos hábitos, mis faltas de ortografía y mis recuerdos olvidados de ser vividos en el pasado de una vida que no llega.
Por lo demás la fiesta tiene carácter de liberal o de libertina, al modo del Divino. Y ya que la misma tendrá lugar en un país donde libertino es sinónimo de dictaduras, de historias patrias mal contadas y de estatuas de próceres que se contradicen sutilmente a la vista de transeúntes inexpertos. Sepa potencial y nunca mencionado lector, que esta invitado a dicho contertulio, solo y bajo la promesa de no narrar jamás lo que en ella acontezca, para dar a tal evento su carácter además de “nuncadeseado”, el de “jamásexperimentado”.

