Voy a decirlo. Basta de paraísos solemnes. Para tontos solemnes. Basta de trajes almidonados. En camas que huelen a estiércol mental. Basta de las hijas bastardas del idioma. Me canse de sus retóricas, ahogadas en vasos de vino barato. Las cosas por su nombre y no significa caer en esos pantanosos artilugios citatorios. Al pan, pan y a las polleras cortas, ojos con intenciones táctiles.
Parrafrasear al de la montaña rusa, es ni más ni menos, que una intención claramente provocativa, contra los convencionalismos, aquellos que llevan un “ismo” detrás, como si se tratara de un noviecito lustradito y sin uso, que espera que su novia, tremenda yegua, que le comería el bastón de mando, con una facilidad, que alarmaría al mismo Diablo.
Viva la poesía que patea nalgas, que insulta a viejas decrepitas que toman café, esa poesía que le baja los pantalones a los viejos verdes que presumen jovencitas en las esquinas... Viva la poesía que le muerde el cuello a esos poetas “líricos” que parecen tener calambres vocales y dicen tantas barbaridades. Viva la poesía que por ser vulgar, como un caballo abriendo las patas para defecar, es tan humana y cercana al instinto del hombre.
¿Dónde estarán, aquellos detractores de la poesía sublime, que se llenan la boca defendiendo la virginidad mental? Virginidad por cierto algo insostenible, porque aquí llegaron y llegamos, quienes ponemos el verso duro para llenar de esperma sus placidas cavernas sin uso...
Viva Parra Canejo!
Parra Parra con cariño...
| 17, oct


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