Hay vacíos difícil de llenar. Palabras que no logran nacer o se quedan gateando en medio de la nada. Frases que supuran en la herida abierta de una soledad acompañada por otro silencio. Miradas que buscan el piso, como intentando una red donde congregar todos los intentos de la virtud, para hacer de dos cuerpos; separados por proximidad, la intención de ser una unidad, perfectiblemente visible al menos para los espejos. Entonces uno se arma de esas excusas necesarias para corroer el acero del frío y se tiende sobre una cama habitada por nuestras antiguas sombras; cuenta las manchas de humedad como un muerto cuenta los gusanos que besan la orbita de sus ojos. Entonces todo se vuelve una canción sin melodía que se rompe contra los cristales y sale ahuyentada hacia el glaciar donde van a congelarse, todas las melodías rotas. Ese sitial hermoso donde los ojos de un ángel hace lloran a las nubes una sustancia violeta. Ángel de alas como el perdón, desploma mis entrañas en este vacío que desgarra al tiempo que da vida. Muéstrame el sabor de la derrota en la miseria de unas manos, adoptadas por bestias que comen los sahumerios de un basural. Hay vacíos que se llenan con la sangre de mi pensamiento.