Estoy tirado en la plenitud de una silla de plástico blanco, mientras suena la melodía de una chica de oriente que no se ni su nombre, y viene junto con la canción la sensación de que estas cerca y lejos. No se como manejar esta sensación, como no rendirme a la inquietante posibilidad de una semejanza imposible de eludir.
Quizás la cobardía sea una daga, el cuchillo que astille las amarras de mis anhelos y a la deriva contemple que ese irme es más una miserable cobardía que la de ser un hombre hecho y derecho. No es miedo, no es incapacidad. Simplemente busco medir los pasos que llevan hasta ti. Simplemente busco calcular distancias, sensaciones, plenitudes, latidos, tiempo... pero todo esto no puede ser medido, como miden los hombres, es necesaria una conciencia capaz de reducir los espacios y disponer los elementos de manera que aquello que me alude no me destruya y que aquello que me destruye no me aluda, en la planicie de una mirada que surca las formas para desprender de ellas, tu forma.
Que eres? Que soy? Que nos presentimos? Que buceamos en aguas poco claras y así mismo nos miramos? Que todo es una canción, una lenta canción de cuna en la noche de los cuerpos, en la sombra de las almas, si es verdad, pero esperar por ello no remontar el corazón como un barrilete hecho con el cuidado de los años, sería negar la existencia misma, de al menos, uno de los dos, de tu o de mi. Pero hace tanta soledad que las palabras se suicidan.
En tu ausencia
| 11, dic


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