y todo lo que no era, es; y todo lo que no camina, corre, como siguiendo un barrilete sin dueño; y todo lo que antes fue sombra, es claridad de luna, como el beso que se dan los días en noches abiertas y respirables. La ciudad parece un mundo, pero poco importa, el tiempo, la distancia o las excusas. La ciudad es una posibilidad de cruzar las manos, de copular nuestras miradas en la sonrisa de una cita. Parece un mundo capáz de burlar la mala suerte y los fantasmas... cuando se ama a un habitante.