Vio que el cielo escupía su rabia sobre paraguas frenéticos y pensó:
Cuando las palabras son asilos abandonados, donde va transcurriendo la pasión de esa voz concierto silencioso de mil voces. Cuando esas palabras a modo de antídoto salen de la madriguera de unos labios donadores de silencios largamente presentidos. Cuando solo queda entre dos cuerpos un espacio para un abismo que alude el canto de pájaros ausentes naciendo en nidos ausentes sobre árboles también ausentes.
Fue cuando vio que el cielo era una gran garganta sin dios ni preludios y se dijo:
Es entonces cuando el crepitar de ojos hacen la ceremonia, esa famélica sensación de perdernos delante de nuestra piel. Un ritual solo para que otra vez, el agua y la sed, sean del olor de la palabra Amor. Tan solo para que esa flor diseminada en los vientres abiertos de las manos, callen sus demonios. Silencios como heridas que aprenden a sangrar cuando las palabras son asilos bajo una lluvia hermosamente indecible.
Y Siempre Olvidado lloro una rosa negra en el rosario marchito de lo evidente.