Hasta que los huesos canten
su canción de enero y jazmín.
Hasta que la sombra de tu sed
derribe la sombra de mi hambre.
Hasta que la cima este nevada
por la humedad de los cuerpos.
Hasta que vengan a buscarnos
los horarios como manadas perdidas.
Hasta que en las manos se dibuje
el otoño de un sol sin disfraces.
Hasta que el universo venga callado
a reclamar nuestros colmados labios.
Hasta entonces seremos dos locos
devorando los acantilados del corazón.