Ayúdame a no pedirle al amor.
Ayúdame a no suplicarle al silencio.
Ayúdame a no enterrar mis muertes...
Por estas manos sentenciadas a la suavidad...
voy rodando bajo una lluvia de deseos.
Por esta sonrisa categóricamente alegre...
han dejado mis sombras de llorar uvas.
Por esta voz que se asemeja a una luz...
he dejado de penetrar en antiguos edificios poblados de olvidos y de dolores.
Ayúdame a no pedirle al amor...
ayúdame a vivirlo, como un río torrentoso de flores y de néctar...
ayúdame a sentirlo, como un beso del aire bajo la sabana ansiosa de mi mirada...
ayúdame a ayudarlo, para cuando tenga frío de la gente, de los miedos...
Ayúdame a no pedirle nada.
Simplemente a tenerlo junto al corazón,
como el único tesoro que vale la pena dejar en lo profundo...
en el alma...