he reivindicado mi noche.
he hablo al silencio.
y el silencio es luz.
y la melodía una ausencia.
he tratado de ocultarme del viento.
abstraerme del miedo.
solo hay espacio para un sudario desventrado.
pero el deseo se muere muchas veces.
de muchas maneras.
bajo pliegues lapidarios.
bajo ruinas que hablan con dientes de múltiples colores.

he reivindicado el silencio de la impostura.
ha saltado de mi ese que soy sin que nadie acaricie melodías amorfas.
y solo me quedan estas palabras rotas a martillazos.
palabras que se hacen los ojos a costa de mi diáfana mirada.
palabras que buscan orfandad en mi niñez de hospicio.
palabras que nada duelen.
que nada escuchan.
sino solo el sonido plástico de mi viejo dolor.

quizás todo esto sea una muerte reglada en la incongruencia de un poema.
una muerte a modo de vida.
una muerte a modo de saturación pasional cuando llegan a mi los mendigos de la luz.

y aquí estoy.
con mi pobre intento por extraerle al lenguaje un emblema.
un naufragio en medio de mi miedo de noche.
y aquí estoy con mi putrefacto sonido de niño atravesando un jardín sombrío.
un jardín que no digo.
un jardín encantado por mis manos huesudas.
un jardín que de tantas cruces huele a bosque.
parece un bosque.
por qué he de gritarme contra los espejos.
por qué he de mirar mi sombra en el canto perdido de lo nunca existido.
solo quiero nombrar la palabra que salva.
que cura. que hiere. que mata.