Las palabras oliendo a errancias acumuladas en la noche de mis sudarios. Las palabras siempre las palabras, sobre todo las palabras, como un estigma, como un dolor dicho en la sonrisa de un muerto, como un rocío flotando en la noche de la loba que me juega y me observa. Las palabras como cruces clavadas en la espesura de una tarde imposible, como si no pudiera hacer otra cosa que palabras. No hay imágenes, tampoco sonido, solo palabras. Palabras que buscan asilo en el sonido perdido de mi voz ausente. ¿Puede haber tanta enajenación en estas palabras que miran por dentro de las mías?
Las palabras como sentencia de un amanecer que no llega, aun con los ojos cerrados entre las manos de ciegos y mudos que inválidos se arrastran en busca de mi sombra. Palabra testigo. Palabra perdida. Palabra lenguaje. Palabra musical. Palabra camisa de fuerza. Palabra besando la seda de un vestido. Palabra que son palabras pero se ven como estatuas a mitad de la noche. Palabras ventriculares. Palabras detrás de un decorado teatral.
Yo no se decir lo que las palabras le hacen a mi pequeña sombra de niño en mi memoria, solo entiendo el sonido de la imposibilidad carcomiendo los huesos de mi lenguaje.