Caen como un niño que entra en la muerte para vivir una sinfonía, la del silencio haciendo la nada de un cuerpo.
Las pocas palabras que alcanzan para reconstruir el palacio del lenguaje, se disuelven hacia los ojos de la tarde.
Noche. Mi noche. A dónde iremos, mi sombra y yo, cuando el umbral de mi nombre se anuncie en la luz de lo que ha muerto.