Bajando de las palabras, encuentro un rostro.
Enfermo de calles…
Enfermo de voces…

Como sí, por un instante, pudiéramos adivinar, una tenue brisa.
La que ocultan todos aquellos, que perdieron el miedo, a tener miedo.
O la de los que se desnudan con cada punto final.
Y esperan con las manos transpirando a pantano.