Estoy buscando un emblema. Un cuarto azul. Un piano olvidado a orillas del mar. Busco y buscar es lo más parecido a destrozarme las manos. A golpearme contra una rama la cara. Algo parecido a no sentir el frío en la boca muerta de la tarde. Estoy intentando, decirme, repetirme, construirme y todo termina en irme. Quizás voy yendo sin que nadie lo vea. Sin que nadie perciba alguna cosa. Extraña. Ajena. Impropia. Sin que yo pueda mirarme en los espejos de antaño. Porque el espejo se rompió, porque la nube densa desdibujo mi rostro, mi solo-reflejado-rostro. Nada salva. Nada es lo más parecido a una cercanía. A un río a la vera de una ciudad deshabitada…

…parques, jardines, papalotes, cajitas musicales. Todo olvidado, todo abandonado. Parques que remiten a voces y a pasos fantasmas. Jardines, ¡hay de mi solo jardín amado!, los jardines siempre tuvieron el color de una sonrisa, pero ahora hay casas de hormigas, guaridas de arañas, prisiones de mosquitos. Papalotes quebrados, barriletes deshilachados, sucios por la lluvia, carcomidos por el barro. Tiemblan bocas arriba, por la ausencia de manos, de vientos, de jolgorios y corridas en el verde césped. Cajitas musicales que esconden los cuerpos de bailarinas con tules desteñidos por el oxido de mecánicos engranajes de bronce. Cajitas afónicas que se han agotado tras el paso de una música diacrónica y estomacal.

La noche, escondida detrás de los ojos, ve pasar la tarde. La hora del café girando en una taza. La hora en donde mujeres sin alma bajan escaleras y suben autobuses. La hora en que las maletas y los pañuelos sueñan con paraísos perdidos. Con banderas sin nación y rezando la suplica a la virgen de los dolores. La hora en que las ventanas atrapan brillos de luciérnagas augustas y se pelean con las moscas que buscan la libertad que existe en las flores. La tarde me viene así, planeando y formulando azares sin golondrinas. Ya no vendrán a poblarse con oscuras golondrinas el balcón de mis ojos, ni será verde la sangre del río con el que escribo estas palabras que parecen paraguas olvidados en libros y juegos.

Quizás no es esto lo que quiero decir. Quizás estoy buscando algo como una cama de hospital o sin ser tan melancólico, algo como un jarro de flores esperando en una sala contigua al enfermo. Quizás debería pegarme al cuerpo las caricias que recibí anoche, cuando la lluvia cantaba en la vereda… y los enamorados de los espejos aparecían en los charcos.

O quizás haya una esperanza dando vueltas. Una mariposa sueño que me arranque de este soliloquio desvergonzado. De estos escombros en los que mi mano busca el cielo, como un ave, herida, busca el nido arrebatado. Tal vez todo se parezca a una ceremonia demasiado pura. Huye de mí. Aléjate de mi jardín. Vete con la tarde tú que me comes y me bebes. Tú la encantadora en el desierto. La apedreada con tizas falsificadas. Quiero volver al claro tiempo de las corolas y las proas. A los escritorios mirando al mar. Quiero salirme de esta oscuridad que me parece ajena ahora que la niña de la nacida sonrisa me mira y oculta entre juegos y palabras vivas, el lenguaje cierto de sus espejos.

Quizás estoy intentando arrastrarme fuera de ti. Como una presa herida, desangrada, abusada. Si, eso quiero, salirme de ti, de tus formas y volver mi sombra a mi cuerpo… al menos solo esta noche, solo este instante, solo esta vida…