La tarde levanta con la reivindicación del fuego, ojos cansados,
perdidos en la continuidad de un bosque vacío de emblemas.

De esa levedad de miradas crispadas en la distante necesidad,
la boca de un ser agonizante en el silencio, respira ausencias.

Vendrán las voces, los otros, los enajenados del lenguaje.

Vendrán y será de luto, la silente voz que vaya a su encuentro.