Nada tiene el color del deseo y las manos no alcanzan, no bastan, para que el decir se vuelva refugio.

Lo que calla posee tenues dedos que evocan rituales desgarrados. Garganta herida, rumor que llega a la sonoridad de mi sombra.

Mi sola sombra desprendida de mi doble oficio de inquilino de hospital.
Si solo tuviera palabras para lapidar los fantasmas de mi naufragio.

Volar quizás sea lo más parecido a reinventarse.