Yo no se que es el sol.
Ni de que extraño modo llega a mis sudarios.
Ni de que suburbio vendrán a buscarme, los sin tiempo, los coléricos niños de mi esperanza última.
Solo se o lo supongo, que el viento tiene ojos para llamarme delante de mi nombre.
Ser feliz es un mundo. Acaso y solo tengo esta pequeña geografía encontrada en el silencio.


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