Siento tu ausencia como una calamidad,
como un grito en la boca de un muerto.
Siento ese frío que se cuela en la garganta de quien mira el abismo,
como si tu no estar, fuera una mole de piedra, de estrellas apagadas, de lunas marchitas en las copas de los árboles.
Siento tu ausencia como una revolución absurda, negando el transito de las palabras.
Siento unas ganas incurables de lloverme entre lilas,
como si el centro de mi centro en el centro del sudario fuera un instante repetido, gris, obsoleto.