Y quería un incendio de estación, temblando en la mano abierta de la noche.
Y quería un rumor de sombras aleteando en la luz prohibida de la infancia.

Pero hay una constelación de imposibles merodeando los limites de una hoja en blanco.

Quizás porque nunca es de día en los rincones del ave de piedra que habita mis ojos.
Tal vez todo esto sea un lento espejismo caído de pasmo sobre el sudario mudo.