Roja ceniza, el llamado del pájaro que usurpa las cosas que te evoca.
Es roja la ceniza, pero ni toda la noche basta para calmar toda la sed.
Entonces hay fuego en las alas del pájaro que hoy se alimenta en campos de trigo.
Ni todos los muertos ni negro llanto, solo silencio para este sepulcro en la memoria de los días.
Algo así como la espera lanzada de pasmo contra la tinta de mi voz.
Espera que vuelve sus ojos estériles hacia el inanimado hueso de la luna.
Ni muertos ni negro llanto, acaso tampoco silencio, solo indecible ausencia en la voz de un nosotros.


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