He vuelto a escribir con las manos de llorar. Agazapada la necesidad en otras cenizas, ajenas a este mirar tormentoso.
Y todo parece un instante febril y oscuro, como un coro agónico de ninfas a la hora del hospicio.
Dejando a un lado los ojos de sentir, hacia el silencio de la piedra; algo se mueve debajo de la piel donde yace la sangre del lenguaje.