No encuentro mejor posibilidad de habitad, que este silencio abrasador, calando en el intersticio de una negación.
En las vísperas de los festejos, el niño del dolor primario juega su reputación de abandonado al calor de una lagrima.
A veces quisiera creer en los espejos y sus sombras. Como en aquel instante en que vi por primera vez, unos ojos muertos en donde todos danzaban frenéticos y excitados.
Y no hablo de la muerte y sus problemas de identidad, hablo de la vida misma no de la misma vida...


1 comentario
nuevamentefenix 20 ene 2009 | 08:46 PM
dónde está el límite de lo subjetivo? vida y muerte dos caras de la misma moneda.
saludos
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