¿Por qué necesito tanto esta llamada de gotas cayendo? Esta bruma, este París reconstruido en las veredas desoladas de la mañana. Y me detiene el aire y me descubre deletreando el cuerpo de mi alma.

La calle antigua de mis manos. El paredón de fusilamiento de mi corazón entumecido. Indecible urgencia la de parar mi doble necesidad de vivir. Para maldecir. Para salirme de mí. Para pronunciarme en el centro del jardín. Un jardín nuevo como la luz de los cementerios.

Lo único cierto es que ahí andas Alfonsina, fabricando la espuma de todos los ríos de pensar.  Aun cuando esto, tampoco lo entienda. Y entender solo sea, solo se parezca a un laberinto desde donde partir hacia ningún lugar.  Triste alegría, habitar espacios baldíos... moradas imposibles.