No, este cuerpo no puede ser tan sólo para entrar y salir.

Olga Orozco

 

Ni la mano crispada por el silencio que muerde desde abajo, los tendones polvorientos de mi doble condición de abandono.

Ni el crepúsculo incendiario de sus ojos.

Solo la promesa de un silencio más humano, mas nuestro, gestando la memoria de los árboles.

Solo eso y las horas corren olvidando sueños, virtudes y quizás la posibilidad de decir amor, con las cosas que se quedan pensando en nosotros.