Frío, calor, ausente blanco o negro designio, ¿Que más da?

Tu cuerpo una ola de fuego incendiando la orilla de mi silencio. Tu cuerpo calamidad en la boca muda de las horas.

Tu profanada tumba es plegaría en el sudario de mi sed, arco iris derrumbado al llegar la noche de los cuerpos.

Y mis manos son como serpientes, lamiendo la sombra de tu sexo. Mis manos y tu nunca acabada pasión, develan tu boca ávida de insospechadas fantasías.

Callar como calla la naturaleza al terminar la tormenta y hacer de nosotros una alegoría al himno de la belleza, como el amante tendido sobre su bello amor, como un moribundo acariciando su tumba.

Un ritual para que nuestras almas hagan los cuerpos cuando fundimos el amor.