Que voy hacer cuando la sombra de mis manos, acariciando la fugaz ausencia de tu alma, se duerman sin más propósito que el de escribir, en una vieja pizarra, el mensaje que me salve de este mundo de ellos. En que truncado jardín irán a dormir los hospicios de mi soledad, si solo me proyecto en el espejo de tu sonrisa de princesa, aunque otro perro te ladre.