Nada murmura al costado de mi herida y no obstante me duele. Como si al mago le hubieran roto su sombrero para conejos. Como si al horror le hubieran quitado mi cuerpo y solo quedasen escombros. Pero si algo me salva, solo la princesa de los libros lo sabe. Mientras escribo esto, el vacio se llena de nada y todo se reduce a un hospicio, en donde yacemos, mi sombra y yo.