Quiero vivir. No obstante mueren en mi boca, tocan a mi puerta, fantasmas del viento; en busca de mi temblorosa sangre.
¿Acaso este crepitar en los pulmones inacabados de mi niñez, se deba a esta muerte entre mis ojos?
Que importa si el día se desmaya en el muro de los suicidios cotidianos, quiero habitar en la otra orilla, quiero el silencio que abraza... ¡hasta que no exista más un yo!